14 de septiembre de 2008

"CREO QUE TODAVIA ME DEBO LA ADOLESCENCIA"

Conduce el reality “Cuestión de peso”, que luchó tres años para conseguir la sanción de la Ley de obesidad. Exilio y madurez







Pocas personas pueden ostentar como rasgo distintivo la autenticidad. Y si esta premisa se traslada al mundo de la televisión, el margen se acota aún más y el resultado es casi nulo. Ajena a estos parámetros, Andrea Politti ensaya un chiste y da por tierra con cuanto prejuicio exista. Con la misma simpatía con la que se la puede ver todas las tardes en “Cuestión de peso”, el programa que conduce en Canal 13, esta mujer de pelo rubio y nariz perfecta es tan fiel a sí misma como el espejo se lo permite.

N: Varias veces contó que comenzó haciendo obras de teatro en las que había más gente arriba que abajo del escenario. ¿Cómo fue aquella época?

Andrea Politti: Hermosa, porque todo lo que te cuesta mucho e implica remar hace que te tomes la vida con los pies en la tierra. Cuando uno tiene una vocación lo importante es ser feliz en el escenario. Todo lo demás es una parafernalia del negocio.

N: ¿En qué momento descubrió esa vocación?

Politti: En la escuela secundaria. Hicimos una obra de Dalmiro Sáenz, “¿Quién, yo?”, donde hacía de fiscal. Pero en mi decisión también tuvo que ver toda la historia que transité con papá. Cuando iba a visitarlo siempre íbamos al teatro; me llevó al San Martín, al Cervantes, a Canal 7, al 13…

N: ¿Cómo reaccionó su papá cuando le dijo que quería ser actriz?

Politti: Se emocionó muchísimo. Aparte estaba en una época muy sensible, porque se lo dije cuando estaba exiliado y había venido de contrabando, porque extrañaba muchísimo. Él estaba cocinando, de espaldas, y yo dije: “Papá, voy a ser actriz”. Dejó de cortar y se dio vuelta, emocionado. Y empezó a decirme que tenía que estudiar con tal e ir a tal lugar y yo le dije que primero quería terminar la secundaria, porque si no, no lo iba a hacer nunca.

N: ¡Muy centrada!

Politti: Muy madura, eso ya me arruinó la vida de chiquita (ríe).

N: ¿Cómo vivió la etapa de su exilio?

Politti: Decían los griegos que el destierro era la pena máxima para una persona, y es así. Deja huellas que no podés borrar. Es difícil explicar cómo lo viví, implicó muchos años de terapia para poder estar sana. Fue horrible, porque era muy chiquita y no entendía nada, como toda la gente en ese momento. Pero a pesar de que la historia de papá es triste, me transmitía mucha pasión por lo que hacía. A veces creo que desplazó su lugar de padre por ser actor.

N: ¿Qué cree que tiene de él?

Politti: Todo, soy muy parecida. Hay una frase que él dijo en una entrevista, sobre la importancia de no traicionarse, y eso es lo que siento y trato de hacer.

N: ¿Cómo fueron sus primeros años como actriz?

Politti: Muy sacrificados, trabajaba a la mañana y estudiaba teatro a la noche. El estudio de la noche demandaba 6, 7 horas, más las 8 de laburo. Pero no recuerdo haber estado cansada, porque el teatro me daba la esperanza de lo que quería proyectar en mi vida.

N: ¿En algún momento se planteó ser otra cosa?

Politti: No se puede ser otra cosa más que lo que uno es. La vocación es algo tan profundo que sentís que si no lo hacés, te morís. Entendía que si no era actriz no podía ser madre, esposa ni novia de nadie… Sabía que podía irme mal, pero también que me iba a morir intentando.

N: ¿Su actual rol de conductora fue algo premeditado o surgió a partir del reemplazo de Claribel Medina en “12 Corazones”?

Politti: Venía de hacer cosas muy fuertes, como “Confesiones de mujeres de 30” en el teatro, tener un hijo, Galo (7), haberme enganchado en “Resistiré”… Estaba en una especie de coyuntura importante y justo ahí apareció la conducción. Fue liberarme del peso de la herencia como actriz, y ganar más cintura y responsabilidad

N: Desde “Cuestión de peso” promovieron la aprobación de la Ley de Obesidad, ¿cómo fue esa lucha?

Politti: Se logró que se votara en Diputados, ya había pasado por el Senado, estaba casi aprobada y saltó la cláusula de que se debería poner en los productos que el exceso de azúcar es perjudicial para la salud. Ahí aparecieron los azucareros de Tucumán y trabaron la ley, que volvió al Senado. En ese momento se desató la problemática con el campo y el proyecto quedó pendiente. Finalmente logramos que se sancionara. Pusimos el tema de la obesidad en primer plano, sentí una profunda satisfacción.

N: ¿Predica con el ejemplo y se cuida en lo que come?

Politti: Mi familia ha tenido antecedentes de obesidad, tanto de la rama paterna como materna. Pero era la época en que la obesidad estaba considerada como salud, y también estaba la idea de que los inmigrantes que venían de las guerras mal alimentados tenían que revertir su situación. Mi abuela había pasado mucha hambre y era muy obesa, lo cual la haría sentir más segura, pero después tuvo muchos problemas de salud.

N: Es muy difícil desarraigar un concepto así…

Politti: Seguro, culturalmente la comida está metida en todos lados. Conocés un hombre y ¿adónde te invita?: a cenar. Si te quiere regalar algo, te regala un chocolate… Hay que entender que comer bien es tan importante como moverse, no sólo para quemar calorías, sino para que tu cuerpo no sea una máquina que se quede sin aceite. Lo mío nunca pasó por lo físico, siempre traté de alimentarme y transmitir otras cosas.

N: Esa madurez que mostró en la secundaria siempre se mantuvo. ¿Nunca tuvo su etapa rebelde?

Politti: No pude. El exilio de papá me hizo sufrir muchísimo y fue el golpe más fuerte de mi vida. Creo que me debo la adolescencia, quizás sea una viejita adolescente en cualquier momento (ríe).
N: ¿Diría que se soltó más como conductora que como actriz?

Politti: Siento que me permito más esto de sacarme el peso de la herencia. Cuando empecé era “la hija de Luis Politti, quien había muerto en el exilio”. Recuerdo que en mi primer trabajo en tevé, muy nerviosa antes de salir a escena, alguien me dijo: “Ojalá tengas aunque sea el 10% del talento que tenía tu padre”. Fue muy fuerte empezar así. Yo quería buscar mi camino. La conducción, algo que nunca había hecho, hizo que me vieran más a mí que a “la hija de”.

N: Nació en una casa de artistas, ¿repite la historia, con su marido saxofonista (Fernando Hagelstrom) y usted actriz?

Politti: Me enamoré de un músico que encima es del signo de mamá, Leo. Me crié siempre con música en la casa, porque mamá era pianista y una persona muy musical, pienso que actuar y conducir tiene que ver con cómo llevás un ritmo. ¡Así que me parece que funcionó el inconsciente!